¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿A quién se dirige el manifiesto? ¿Cuáles son las perspectivas futuras?

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Un manifiesto contra el pensamiento único, por Patrick Landman.

La idea del manifiesto contra el pensamiento único del DSM nació en el seno de un pequeño grupo que se propagó rápidamente.

Desde el inicio, esta iniciativa involucró dos facetas inseparables: una política y la otra del trabajo sobre la nosografía para evitar quedar encerrados dentro de un movimiento puramente protestatario, peticionario, contestatario. Parece difícil luchar contra el pensamiento único del DSM que rige a la psiquiatría mundial sin proponer al mismo tiempo alguna forma de alternativa al DSM.

Procedimos entonces a escribir el manifiesto con la idea de hacer circular e integrar las observaciones de cada uno sin que ello afectara la coherencia del conjunto, tomando una posición que evitara ubicarse como anti-clasificación o anti-medicamentos y que tampoco tomara “únicamente” al psicoanálisis como referencia. Dicho proyecto ha sido laborioso, ha hecho trabajar, y ya es un triunfo. Al principio, la idea de rechazar el pensamiento único del DSM fue aceptada mayoritariamente, aunque hubieron algunos colegas reticentes que piensan que es demasiado tarde, que los dados ya están echados, o que no creen más en la acción colectiva, que están cansados de las peticiones y de las manifestaciones contestatarias: “Contentémonos con acciones modestas, de campo, más eficaces. ¿Por qué centrarse en el DSM? El DSM está en sintonía con los tiempos que corren, no el psicoanálisis.” Todas estas reservas no me desanimaron, las explico en parte como siendo el síntoma de que muchos de notros, practicantes de la psiquiatría, tenemos dificultades para hacer el duelo de la época de la luna de miel entre el psicoanálisis y la psiquiatría, según la expresión de Alain Vanier, lo cual explicaría la actitud de autocensura y, especialmente, de retirada sobre el denominado “oro puro del psicoanálisis”.

Entre las observaciones dirigidas al manifiesto existe una que reaparece con frecuencia: ¿es realmente conveniente evocar la no-cientificidad del método DSM, cuando se sabe que ninguna clasificación psiquiátrica puede alcanzar la pretendida cientificidad? ¿Por qué abrir la caja de Pandora de la cientificidad?

En realidad, más allá de las desmentidas de sus promotores, el DSM se confiere a si mismo una respetabilidad científica, un semblante de cientificidad enmascarado detrás de su supuesta fidelidad consensuada por jueces arbitrarios  y su criteriología operacional que debe ser desenmascarada. Por otra parte, los gobiernos o las organizaciones internacionales son muy sensibles a lo que está validado científicamente, o se muestra como tal, de ahí el interés político de denunciar la impostura del DSM.

Es legítimo centrarse en el DSM, porque es una hidra de muchas cabezas: epidemiológica, diagnóstica, de enseñanza, de investigación farmacológica, médico-económica, como ha señalado Claude Léger. Como tal, sirve de apoyo para numerosas deliberaciones en la puesta en práctica de políticas de salud mental que resultan nefastas, asimismo, opera como vector de ideologías cientificistas o reduccionistas en el campo de la psiquiatría, por no mencionar que el DSM ha contribuido en gran medida a la eliminación de la contribución freudiana en dicho campo. Y nuestra acción no excluye a otras iniciativas.

Gracias a Dominique Billot Mongin, analista de la APF, y a Yan Pelissier, analista de la Escuela Lacaniana, pude acceder a sitios americanos, a foros de discusión, y me di cuenta que en los Estados Unidos, el debate sobre el DSM V en preparación enfurece las opiniones. Algunos llaman a un movimiento de opinión pública en contra de las derivas en curso en lo que respecta a la psiquiatrización generalizada del comportamiento y de los afectos, a la reducción de los criterios diagnósticos de inclusión, para abarcar a un máximo potencial de consumidores de medicamentos, la confusión entre predicción y prevención, etc. Otros piensan que el DSM va a sufrir una implosión a causa de la inflación del número de diagnósticos, de su ambición babeliana de instituir una única lengua psiquiátrica universal, que pronto será el fin de los sistemas expertos, y que se aproxima una nueva era, la de una clínica puramente neurocientífica, clínica IRM; pasaríamos del autismo de Kanner al autismo de scanner, como dijera Bernard Golse, la apertura de un boulevard por el integrismo cientificista con la confusión entre la correlación y la causalidad. Encuentro allí una razón suplementaria para cumplir con el reto y situarnos en pos del interés de las jóvenes generaciones. Algunos evocan también la corrupción, la opacidad que reina sobre la elección y la independencia de los expertos; es el extremo más pequeño del catalejo, sin embargo ello cuenta para la opinión pública, especialmente en los Estados Unidos, aunque no solamente si tomamos como ejemplo el affaire Mediator Servier en Francia (cientos de personas fallecieron a causa de un medicamento cuyos efectos indeseados eran sospechados desde su lanzamiento comercial).

Una vez que el manifiesto fuera establecido en una versión aceptada colectivamente, el mismo fue traducido al inglés, al español y a otras lenguas; lo difundimos lo máximo posible en Europa. La versión alemana fue preparada gracias a André Michels, que la difundió en una reunión de clínicos en Berlin en Marzo de 2011; también se difunde en América del Norte y América del Sur, pero también en China y el Oriente Medio, siempre dentro de nuestras posibilidades. En Francia, tenemos que ampliar su audiencia y ponernos en contacto como sea posible con médicos, con profesores de psicopatología, asociaciones sindicales, profesionales y psicoanalíticas. Un primer sitio web fue creado en mayo de 2011: www.initiative arago.org, donde miles de personas firmaron el manifiesto. El segundo sitio, más completo, www.stop-dsm.org, fue lanzado en junio de 2012. Un foro de Internet sobre el manifiesto y sobre el proyecto de creación del DSM-V, permitirá un intercambio y debate abierto.

Entonces, ¿Cuáles son las perspectivas futuras?

Existe una ruptura en la transmisión y el futuro del psicoanálisis depende también del lazo con la psiquiatría.

Invito a todos los clínicos, psicoanalistas, a re-investir masivamente la nosografía psiquiátrica. Existen al menos tres iniciativas que dan cuenta de ello. Todas las acciones, jornadas, revistas, simposios o congresos sobre clasificaciones, la epistemología en psiquiatría, la relación psicoanálisis-psiquiatria, la clínica del sujeto, la nosografía, etc., son bienvenidas; hay que aprovechar el movimiento que se inicia en una sinergia positiva.

Pero hay que ir más lejos.

Por mi parte tengo la intención de impulsar la creación de un grupo operacional, no un task force al estilo americano, pero a pequeña escala para ser más eficaces y obtener así resultados tangibles, que tendrá que hacer frente al desarrollo de una clasificación alternativa luego de haber tomado las precauciones éticas y epistemológicas que fueren necesarias. Habrá que ocuparse, por ejemplo, de la clínica psiquiátrica en transferencia, bajo psicotrópicos, de las nuevas sintomatologías, de las adicciones, de la búsqueda de los criterios de clasificación más adecuados, etc.

Las objeciones que pueden presentarse son numerosas: los analistas tienen teorías divergentes; tienen tendencia a reificar ideas especulativas, fuentes de polémicas; hablan lenguas diferentes; por lo tanto, se corre el riesgo de no lograr nada o peor aun de lograr un consenso sin relieve y consecuentemente sin interés, crear una nebulosa. ¡Se trata de la psiquiatría! Entonces pongámonos, quienes quieran, a trabajar, y veremos lo que es imaginario y lo que es real. Todos esos argumentos no me disuaden, cuento con la asociación del deseo y de la determinación política.

En conclusión, mis queridos colegas, los invito a dar un paso al costado, ya que si no hacemos esta “revolución cultural”, si no participamos a la batalla de las clasificaciones, si no movemos las líneas, nuestro futuro se nos traza frente a nuestros ojos, psicoanalistas clínicos de la psiquiatría. Me fue sugerido por un colega con quien hice mis estudios de medicina y que trabajaba como experto en el Ministerio de Salud de Francia. Lo encontré cuando caminaba por los pasillos de los ministerios como presidente de Espace analytique y con el objetivo de evitar la catástrofe de una legislación sobre el ejercicio del psicoanálisis. Este colega me dijo: “El futuro de ustedes, psicoanalistas clínicos de la psiquiatría, es Jurassic Park.”

Entonces, ni luna de miel, ni Jurassic Park, una oferta de trabajo.

La idea de una alternativa contra el pensamiento único del DSM emergió de varias personas:

T. Garcia-Fons, D. Tourrès Gobert, G. Dana, G. Pommier, A. Vanier, T. Jean, P. Landman, C. Hoffmann, J.-R. Freymann y M. Patris. Con este grupo y siguiendo los estados generales de la psiquiatría de 2003, una primera reunión se llevó a cabo el 9 de Octubre de 2010 en París. Fueron invitadas y dieron un visto favorable o vinieron: D. Widlöcher, M. Aisenstein, J.-A. Miller que pidió a F. Leguil que esté presente; participó a su vez de la redacción del manifiesto. J.-D. Nasio delegó a L. Zolty. J.-J. Tyszler delegó a N. Dissez. C. Melman, C. Landman, M. Czermak, C. Soler, F. Gorog y C. Dumézil declararon asimismo su interés. P. Guyomard delegó a J.-F. Solal que forma parte del grupo redactor del manifiesto. También participaron A. Besse y M. Botbol que tienen responsabilidades sindicales y trabajan en la elaboración de una clasificación internacional centrada en la psiquiatría de la persona: el PID. Vinieron a las reuniones o manifestaron su interés: M. Strauss, C. Léger, B. Toboul, A. Deniau, D. Couturier, Y. Cann, Y. Manella, L. Levaguerese, A. Benisty, R. Rechtman, D. Lauru, B. Billot Mongin. R. Lemoigne, J.-J. Moscovitz, E. Winter, O. Douville, G. Archambault, A. Coen, J. Sedat.

J.-C. Aguerre, M. David, N. Gougoulis, F. Krammerer participaron a la redacción del manifiesto.

El 9 de Octubre, luego de un debate sobre las clasificaciones, se decidió constituir un grupo menor para redactar un proyecto de manifiesto cuya primera escritura fue confiada a G. Pommier.

Este grupo se reunió varias veces e hizo circular el proyecto del manifiesto con el objetivo de dar lugar a observaciones y criticas. Una segunda reunión fue prevista para el 1° de Febrero de 2011, también en París.

A esta segunda reunión fueron invitados todos los participantes de la del 9 de Octubre, así como J.-M. Porte, F. Votadoro que delegó a P. Michon Raffaitin, D. Marcelli, P. Gutton, A. Braconnier, D. Zaoui, B. Defrenet, G. Balzaguette, J. Garrabé, F. Drossart, J.-M. Hervieu, R. Samacher, M. Corcos, R. Chemama, C. Meut, Y.-C. Stavy, A. Vaissermann, D. Wintrebert, F. Blanadet, M.-R. Moro, P. Bellot, M. David Menard, J. Siboni, Y. Pelissier, A. Van Effenterre, J. Jungman, C.-N. Pickmann, H. Guilyardi, H. Bentata, A. Vodovosoff, C. Delarue, G. Fishman, B. Bremond, D. Levy, M. Moreau-Ricaud, H. Oppenheim-Gluckman, M. Robert, G. Sapriel, J.-P. Drapier, R. Horowitz, E. Jalley, P. Bantman así como A. Michels, M. Reccalcati, L. Bailly, J. Birman, estos últimos residiendo en el extranjero.


Patrick Landman, psiquiatra, psicoanalista, jurista, expresidente de Espace analytique.
abril 13, 2017

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